¿Vale la pena hacer una Formación de Profesores de Yoga si NO quieres dar clases?


¿Vale la pena hacer una Formación de Profesores de Yoga si NO quieres dar clases?

Llevas un tiempo practicando yoga y, casi sin darte cuenta, la esterilla ha empezado a convertirse en algo más que el lugar al que vas a estirar el cuerpo después de pasar todo el día sentado. Al principio quizá buscabas aliviar el dolor de espalda, relajarte o desconectar durante una hora. Pero después empezaste a descubrir que detrás de las asanas había mucho más.

Te empezó a interesar la respiración, la meditación, la filosofía del yoga, la relación entre cuerpo y mente. Quizá incluso has empezado a leer sobre los Yoga Sutras o la Bhagavad Gita y te has dado cuenta de que algunas de las cosas que escuchas en clase despiertan preguntas que una sesión de 60 minutos no puede responder.

Quieres entender más. No necesariamente para enseñar a nadie, sino porque el yoga te interesa de verdad y quieres incorporarlo de una manera más profunda a tu vida.

Así que haces lo lógico: buscas cómo seguir aprendiendo.

Y entonces aparece una opción una y otra vez: la Formación de Profesores de Yoga de 200 horas, también conocida como YTT 200.

Empiezas a mirar programas y, al principio, parece exactamente lo que estabas buscando. Anatomía, filosofía, pranayama, meditación, historia del yoga, práctica de asanas…

Hasta que llegas a la parte de metodología de enseñanza, secuenciación de clases, prácticas docentes, evaluación, trabajos de investigación y todas las competencias necesarias para enseñar a otras personas.

Y entonces aparece una duda bastante razonable: «¿Tiene sentido hacer una Formación de Profesores de Yoga si yo no quiero dar clases?»

La respuesta no es un sí o un no rotundo. Una formación de profesores puede aportarte muchísimo conocimiento y transformar tu manera de practicar, aunque después nunca enseñes. Pero también es importante entender que una formación diseñada para formar profesores y una formación diseñada para profundizar en tu propio camino persiguen objetivos diferentes.

Y conocer esa diferencia antes de invertir varios meses (a veces años) y una cantidad importante de dinero puede ahorrarte una decepción.

¿Qué se estudia realmente en una Formación de Profesores de Yoga de 200 horas?

Una Formación de Profesores de Yoga de 200 horas no es simplemente un curso avanzado para personas que quieren saber más sobre yoga. Su finalidad es preparar al alumno para adquirir conocimientos y competencias relacionadas con la enseñanza.

Por ejemplo, los estándares RYS 200 de Yoga Alliance organizan el currículo alrededor de áreas como técnicas, entrenamiento y práctica; anatomía y fisiología; humanidades del yoga —donde se incluyen historia, filosofía y ética— y aspectos profesionales relacionados con la enseñanza. Dentro de estos últimos aparecen contenidos como metodología docente y práctica de enseñanza.

Tiene todo el sentido. Si quieres convertirte en profesor de yoga, necesitas mucho más que conocer las posturas. Necesitas aprender a estructurar una clase, comunicar instrucciones, comprender cómo adaptar determinadas prácticas, gestionar un grupo y desarrollar las competencias necesarias para acompañar a otras personas de forma responsable.

El currículo de RYS 200 contempla, entre otros aspectos, secuenciación, ritmo, entorno de la clase, indicaciones verbales y físicas, gestión del aula y desarrollo profesional. También incluye prácticas docentes.

Y aquí está el matiz que nos interesa.

Todo esto puede ser muy valioso si quieres enseñar yoga.

Pero si no quieres hacerlo, es razonable preguntarse si una formación profesional es la manera más directa de conseguir lo que buscas.

Porque quizá no necesitas aprender a preparar una clase para veinte personas. Lo que quieres es aprender a construir una práctica personal que puedas mantener durante años.

Quizá no necesitas saber cómo corregir a un alumno en una postura. Quieres comprender mejor tu propio cuerpo y saber adaptar la práctica a tus necesidades.

Quizá no necesitas aprender a proyectar la voz para dirigir una sala. Lo que quieres es comprender qué ocurre en tu mente cuando meditas y cómo puedes llevar esa práctica a tu vida cotidiana.

No es que uno de estos objetivos sea mejor que el otro. Simplemente son objetivos diferentes.

El problema no es la Formación de Profesores, sino elegir una formación que no corresponde a tu objetivo

Creo que esta distinción es importante porque sería muy fácil convertir este artículo en una crítica a las formaciones de profesores. Y no tendría demasiado sentido.

Una buena Formación de Profesores de Yoga puede ser una experiencia extraordinaria. Para alguien que quiere dedicarse a la enseñanza, aprender anatomía, filosofía, metodología, comunicación, secuenciación y práctica docente forma parte de una preparación coherente.

El problema aparece cuando alguien que simplemente quiere profundizar en yoga se encuentra con que la principal opción disponible para hacerlo es una formación profesional.

Es algo parecido a matricularte en una carrera de magisterio porque te apasiona la literatura. Es probable que estudies mucha literatura, pero también tendrás que estudiar pedagogía, evaluación, planificación educativa y otras materias relacionadas con el ejercicio de la profesión. No porque sean contenidos innecesarios, sino porque la finalidad de esos estudios es formar profesores.

Con el yoga sucede algo parecido.

Cuando buscas «cómo profundizar en yoga», gran parte de la oferta está construida alrededor del papel del profesor. Por eso puedes acabar dedicando tiempo a aprender a secuenciar una clase, practicar cómo dar instrucciones o realizar prácticas docentes cuando, en realidad, lo que te llevó a buscar una formación fue el deseo de comprender mejor la filosofía, la meditación, la anatomía o tu propia práctica.

La pregunta, por tanto, no debería ser simplemente «¿qué formación de yoga es mejor?».

La pregunta más útil es: «¿Qué quiero conseguir con mi formación?»

Tres cosas que deberías valorar antes de hacer un curso de profesores si solo buscas profundizar en tu práctica

1. Una parte de la formación estará necesariamente orientada a aprender a enseñar

Este es probablemente el aspecto más evidente. Si la formación tiene como objetivo prepararte para ser profesor, tendrá que dedicar tiempo a desarrollar competencias docentes.

En los estándares actuales de RYS 200 de Yoga Alliance, por ejemplo, la categoría de competencias profesionales incluye metodología de enseñanza y práctica docente.

Para alguien que quiere enseñar, esto es imprescindible. Pero si tú sabes desde el principio que no quieres dar clases, conviene que seas consciente de que vas a dedicar una parte de tu formación a adquirir unas habilidades que probablemente no vas a utilizar profesionalmente.

Y quizá prefieras emplear ese tiempo de otra manera.

Puedes estudiar con mayor profundidad los Yoga Sutras, explorar diferentes técnicas de meditación, comprender mejor el pranayama o aprender cómo diseñar una práctica personal adaptada a tu cuerpo y a las diferentes etapas de tu vida.

No se trata de decidir qué contenido es más importante. Se trata de decidir qué contenido es importante para ti.

2. Parte del contenido estará relacionada con el ejercicio profesional

Una formación de profesores tampoco se limita a la práctica y la filosofía.

Cuando el objetivo es formar profesionales, aparecen inevitablemente cuestiones relacionadas con el ejercicio de esa profesión. En el currículo de RYS 200 encontramos contenidos vinculados con la profesionalidad, las organizaciones profesionales, la acreditación, el marketing y la promoción, los seguros, la responsabilidad profesional o la facturación.

De nuevo, esto tiene una razón de ser. Si vas a trabajar como profesor de yoga, necesitas conocer también la realidad que existe alrededor de la enseñanza.

Pero si tu intención nunca ha sido ganarte la vida dando clases, es posible que esos contenidos no sean precisamente los que estabas buscando cuando decidiste invertir en tu formación.

Quizá lo que querías era dedicar más tiempo a comprender la filosofía del yoga y descubrir cómo puede ayudarte a relacionarte de otra manera con el estrés. O profundizar en la meditación y entender mejor tu propia mente. O estudiar anatomía aplicada a tu práctica para dejar de reproducir automáticamente las mismas posturas que hace todo el mundo y empezar a tomar decisiones más conscientes sobre tu cuerpo.

Hay una diferencia importante entre estudiar yoga para enseñar yoga y estudiar yoga para vivirlo.

3. El certificado puede no ser lo que realmente necesitas

Otro aspecto que conviene tener en cuenta es la finalidad de la acreditación.

Una Formación de Profesores puede conducir a una certificación que resulta relevante para alguien que quiere dedicarse a la enseñanza. En el caso de Yoga Alliance, por ejemplo, el registro como RYT 200 está relacionado con la finalización de una formación de 200 horas en una Registered Yoga School.

Pero si no quieres enseñar, quizá ese certificado no sea el principal valor que estás buscando.

Y aquí aparece una idea que me parece especialmente interesante: no necesitas convertirte en profesor para demostrar que te tomas el yoga en serio.

No necesitas acumular títulos para justificar que llevas años practicando.

No necesitas enseñar una postura para comprenderla.

Y no necesitas transformar tu afición en una profesión para que pueda convertirse en una parte profunda de tu vida.

A veces confundimos profundización con acreditación. Y no son necesariamente lo mismo.

Entonces, ¿qué alternativa tienes si quieres profundizar en yoga pero no quieres enseñar?

Existe una posibilidad que durante mucho tiempo ha tenido bastante menos visibilidad: una formación de profundización dirigida a practicantes y no a futuros profesores.

El punto de partida es diferente.

Una formación de este tipo no pretende prepararte para dirigir una clase, sino ayudarte a comprender el yoga y aplicar ese conocimiento a tu propia vida.

Eso modifica incluso las preguntas que hacemos durante el proceso.

En lugar de preguntarnos únicamente cómo enseñar una determinada postura, podemos preguntarnos qué necesitamos comprender de ella para practicarla de una manera más consciente. En lugar de aprender a construir una clase de 60 minutos para un grupo, podemos aprender a construir una práctica personal que tenga sentido para nosotros y que podamos sostener en el tiempo.

Y en lugar de estudiar filosofía para poder transmitir determinados conceptos a nuestros alumnos, podemos estudiarla para descubrir qué sucede cuando esos conceptos empiezan a cuestionar nuestra propia manera de vivir.

Por ejemplo, estudiar los Yoga Sutras puede ser mucho más que memorizar conceptos como abhyasa, vairagya o los kleshas. Puede convertirse en una oportunidad para observar cómo funcionamos, por qué reaccionamos como reaccionamos y qué relación tenemos con nuestros propios pensamientos y deseos.

Ahí es donde la formación deja de ser solamente acumulación de conocimiento y empieza a convertirse en autoconocimiento.

Profundizar en yoga sin convertirte en profesor

Una formación pensada para practicantes puede abordar muchas de las mismas áreas que encontramos en una formación avanzada: anatomía, filosofía, meditación, pranayama, historia del yoga y práctica de asanas.

La diferencia fundamental está en para qué estudias todo eso.

La anatomía, por ejemplo, puede servirte para comprender mejor tu propio cuerpo, reconocer sus características y aprender a adaptar tu práctica en lugar de intentar que tu cuerpo se adapte a una postura determinada.

La filosofía puede dejar de ser un conjunto de conceptos interesantes para convertirse en una herramienta con la que observar tus decisiones, tus relaciones, tus hábitos y la manera en la que afrontas las dificultades.

La meditación puede dejar de ser algo que intentas encajar en tu rutina porque «deberías meditar» y convertirse progresivamente en una práctica de observación y comprensión de tu propia mente.

Y el pranayama puede dejar de ser una serie de ejercicios que haces porque aparecen en una clase para convertirse en una herramienta que sabes utilizar conscientemente según lo que necesitas.

Incluso la práctica física cambia cuando empiezas a comprenderla de esta manera. El objetivo deja de ser únicamente conseguir determinadas posturas y pasa a ser desarrollar una relación más consciente con el cuerpo.

En definitiva, no se trata simplemente de saber más yoga.

Se trata de que ese conocimiento cambie la manera en la que practicas y, poco a poco, la manera en la que vives.

¿Para quién tiene sentido una formación de profundización en yoga?

Este tipo de formación puede encajar especialmente bien contigo si llevas un tiempo practicando y sientes que las clases habituales ya no responden a todas tus preguntas.

Quizá te interesa la filosofía y quieres dejar de escuchar referencias aisladas a los Yoga Sutras para empezar a comprender realmente qué dicen y cómo pueden aplicarse a la vida cotidiana. Quizá quieres profundizar en meditación y pranayama, entender mejor tu cuerpo o aprender a construir una práctica autónoma sin depender constantemente de que otra persona te diga qué hacer.

También puede interesarte si percibes una desconexión entre lo que ocurre durante tu práctica y lo que ocurre el resto del día. Sobre la esterilla puedes sentir calma, claridad y presencia, pero después vuelves a tus preocupaciones, tus hábitos y tus reacciones habituales.

Y ahí aparece una de las grandes preguntas del yoga: ¿cómo conseguimos que lo que aprendemos sobre la esterilla nos acompañe cuando la abandonamos?

Si esa es la pregunta que te interesa explorar, probablemente no estés buscando simplemente otra colección de clases.

Estás buscando profundización.

Y, sobre todo, no hay ninguna contradicción en amar profundamente el yoga y no tener el menor interés en convertirte en profesor.

¿Y si ya has hecho una Formación de Profesores?

Tampoco significa que una formación de profundización no sea para ti.

Haber realizado una Formación de Profesores puede darte una base extraordinaria. Puede ayudarte a comprender mejor la práctica y proporcionarte conocimientos que seguirás utilizando durante años.

Pero enseñar yoga y profundizar en tu propio camino son procesos diferentes que pueden desarrollarse de forma paralela.

Puedes haber aprendido a construir una secuencia y seguir queriendo comprender mejor los Yoga Sutras. Puedes conocer anatomía y descubrir que todavía tienes mucho que aprender sobre tu propio cuerpo. Puedes llevar años enseñando y llegar a un momento en el que quieras volver a poner el foco en tu propia práctica.

La formación no tiene por qué terminar cuando recibes un certificado.

Y tampoco tiene por qué estar siempre orientada hacia la enseñanza.

El yoga no tiene por qué convertirse en una profesión para convertirse en una forma de vida

Quizá esta sea la idea más importante de este tema.

Durante mucho tiempo hemos asociado la profundización en yoga con convertirnos en profesores. Si quieres estudiar más, parece que el siguiente paso lógico es hacer un YTT. Y si no quieres enseñar, casi parece que tienes que conformarte con seguir asistiendo a clases.

Pero hay mucho espacio entre ambas cosas.

Puedes estudiar yoga durante años sin querer dar una sola clase. Puedes sentir curiosidad por los Upanishads, los Yoga Sutras o la Bhagavad Gita sin tener ninguna intención de explicárselos a otras personas. Puedes querer comprender mejor tu respiración, meditar con mayor profundidad, conocer tu cuerpo y construir una práctica personal sólida sin que todo eso tenga que convertirse en una profesión.

El yoga puede ser una forma de conocerte mejor sin convertirse en tu trabajo.

Y quizá precisamente por eso tenga tanto sentido.

No necesitas querer enseñar yoga para querer entenderlo profundamente.

Mentoría Samadhi: una formación de yoga pensada para tu propio camino

Este es precisamente el punto de partida de la Mentoría Samadhi de Enyógate.

Samadhi no es una Formación de Profesores de Yoga. No está diseñada para prepararte para dar clases ni para convertir tu práctica en una profesión. Está pensada para personas que aman el yoga, quieren profundizar en él y quieren que todo ese conocimiento tenga una aplicación real en su propia vida.

Durante seis meses trabajamos diferentes dimensiones del yoga —práctica, filosofía, anatomía, respiración, meditación y estilo de vida— con una idea que atraviesa todo el programa: que aprender más sobre yoga no se quede en acumular información, sino que se convierta en una práctica de autoconocimiento y transformación personal.

Porque saber quién escribió un texto, conocer el nombre de una postura o memorizar determinados conceptos filosóficos puede ser interesante. Pero el verdadero valor aparece cuando empiezas a observar qué cambia en ti gracias a ese conocimiento.

Cuando comprendes mejor tu cuerpo y puedes practicar de una manera más autónoma. Cuando empiezas a reconocer tus patrones mentales. Cuando sabes utilizar la respiración en momentos de tensión. Cuando la filosofía deja de ser algo que estudias y empieza a influir en la manera en que afrontas lo que te ocurre.

Ese es el tipo de profundización que buscamos en Samadhi.

Si llevas tiempo buscando una formación avanzada de yoga y cada vez que encuentras una opción descubres que está pensada fundamentalmente para futuros profesores, quizá no estés buscando mal.

Quizá estés buscando otra cosa.

Una formación para aprender a enseñar responde a una pregunta: «¿Cómo puedo acompañar a otras personas en su práctica?».

Una formación de profundización responde a otra: «¿Cómo puedo utilizar todo lo que el yoga tiene para enseñarme en mi propia vida?».

Las dos preguntas son legítimas. Lo importante es saber cuál es la tuya antes de elegir dónde invertir tu tiempo, tu energía y tu dinero.

No necesitas querer enseñar yoga para querer entenderlo profundamente.

Conoce la Mentoría Samadhi y descubre cómo profundizar en tu práctica, tu conocimiento y tu camino yogui sin convertirte en profesor de yoga.

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