Yama y Niyama en el día a día

Episodio 136. Yama y Niyama en el día a día

En el episodio de hoy exploramos cómo los Yama y Niyama pueden ayudarnos a reflexionar sobre algunas de las decisiones más habituales de nuestro día a día. Veremos qué nos aportan principios como ahimsa, satya o aparigraha cuando necesitamos poner límites, gestionar nuestras expectativas o comprender nuestras propias reacciones, y cómo la filosofía del yoga puede ofrecernos nuevas perspectivas ante situaciones que no siempre sabemos cómo afrontar.

Pero antes de empezar te voy a invitar a echar un vistazo los cursos de yoga online un espacio para seguir profundizando en tu práctica personal, comprender mejor el yoga y aprender a integrarlo en tu día a día. Porque el yoga no termina cuando recoges la esterilla. Ahí es donde realmente empieza.

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Cómo aplicar la filosofía del yoga en tu vida cotidiana

Hay decisiones que parecen sencillas hasta que nos toca tomarlas.

Sabes que necesitas descansar, pero alguien te pide ayuda y te cuesta decir que no. Quieres ser sincera con una persona, pero temes hacerle daño. Te esfuerzas por sacar adelante un proyecto y, cuando el resultado no es el esperado, te descubres enfadada contigo misma o con los demás.

En esas situaciones solemos recurrir a nuestras respuestas habituales. Intentamos agradar, evitamos el conflicto, nos exigimos más de la cuenta o buscamos una explicación que nos permita sentir que tenemos razón.

Pero ¿qué pasaría si, en lugar de reaccionar automáticamente, tuvieras otros criterios desde los que observar lo que ocurre y decidir cómo actuar?

La filosofía del yoga ofrece distintas herramientas para explorar precisamente eso. No proporciona una respuesta universal para cada problema, pero sí plantea preguntas que pueden ayudarnos a examinar nuestras intenciones, comprender nuestras reacciones y actuar con mayor discernimiento.

Los Yama y Niyama, recogidos en los Yoga Sutras de Patanjali, son un buen punto de partida. No tanto para aprender una lista de principios de memoria, sino para descubrir qué preguntas nos invitan a hacernos cuando la vida nos coloca ante una decisión incómoda.

Qué son los Yama y Niyama

Cuando hablamos de filosofía del yoga, es habitual pensar en conceptos complejos, textos antiguos o enseñanzas difíciles de trasladar al presente. Sin embargo, muchas de las preguntas que plantea esta filosofía siguen estando muy presentes en nuestra vida.

Los Yama y Niyama forman parte de los ocho miembros del yoga descritos por Patanjali en los Yoga Sutras. Se presentan como principios que orientan nuestra relación con los demás y con nosotros mismos, y forman parte de un camino de práctica que va mucho más allá de las posturas físicas.

Los cinco Yama son códigos de conducta ética hacia los demás:

  • Ahimsa: no violencia en pensamiento, palabra y obra hacia uno mismo y los demás.
  • Satya: veracidad y honestidad; la congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace.
  • Asteya: no robar, ni apropiarse de bienes ajenos o aprovecharse de la confianza de otros.
  • Brahmacharya: moderación y uso consciente de la energía vital y sexual.
  • Aparigraha: no codiciar, no acumular en exceso y vivir con desapego.

Los cinco Niyamas están relacionados con la relación con migo misma:

  • Saucha: pureza o limpieza física y mental.
  • Santosha: contentamiento, satisfacción y aceptación con lo que se tiene en el presente.
  • Tapas: autodisciplina, constancia y fuerza de voluntad para desprendernos de los hábitos negativos.
  • Svadhyaya: autoconocimiento, autoobservación y estudio de textos filosóficos o sagrados.
  • Ishvara pranidhana: entrega, humildad y devoción ante algo superior o la energía universal.

En los cursos de profundización como Samadhi los estudiamos uno por uno, analizamos sus distintas interpretaciones y profundizamos en su contexto filosófico. Todo eso tiene valor. Pero hoy te invito a acercarnos a ellos de otra forma: preguntándonos qué pueden enseñarnos cuando nos enfrentamos a situaciones concretas.

¿Qué ocurre cuando te exiges más de lo que puedes aguantar? ¿Cómo reaccionas cuando alguien no está de acuerdo contigo? ¿Qué haces cuando las cosas no salen como habías planeado?

Ahí es donde la filosofía del yoga deja de ser una teoría y empieza a convertirse en una práctica cotidiana.

Yama y Niyama en la vida cotidiana

Ahimsa y satya: ¿cómo poner un límite sin traicionarte ni hacer daño?

Imagina que una compañera de trabajo te pide que asumas una tarea más. Ya tienes la agenda llena, sabes que aceptar supondrá trabajar hasta tarde y, aun así, tu primera reacción es decir que sí.

No quieres decepcionarla. Tampoco quieres parecer poco colaboradora. Así que aceptas, aunque por dentro estés pensando que no puedes más.

En una situación así, ahimsa y satya pueden ayudarnos a examinar dos cuestiones diferentes.

Ahimsa, habitualmente traducido como no violencia, invita a observar el daño que podemos causar y la manera en que nos relacionamos con los demás. Aplicado a esta situación, también puede llevarnos a revisar cómo nos tratamos cuando ignoramos sistemáticamente nuestras propias necesidades.

Satya, relacionado con la veracidad, nos invita a examinar nuestra relación con la verdad. ¿Estamos reconociendo nuestras posibilidades reales? ¿Estamos expresando lo que necesitamos o diciendo lo que creemos que la otra persona quiere escuchar?

La respuesta no tiene por qué ser aceptar la petición ni rechazarla de manera tajante. Quizá puedas explicar que no tienes disponibilidad ahora, pero que puedes ayudar en otro momento. O quizá necesites reconocer que esa tarea no te corresponde.

Lo interesante es que estos principios no funcionan como instrucciones independientes. Decir siempre lo que piensas, sin considerar cómo lo expresas, no garantiza una comunicación cuidadosa. Y evitar cualquier incomodidad para no herir a nadie puede acabar convirtiéndose en una forma de deshonestidad.

La reflexión consiste en buscar una respuesta que tenga en cuenta tanto la verdad de la situación como la manera en que actúas ante ella.

Asteya: respetar el tiempo y la energía, propios y ajenos

Asteya se traduce habitualmente como no robar. En una primera lectura, parece un principio sencillo: no apropiarse de lo que pertenece a otra persona.

Sin embargo, podemos utilizarlo como punto de partida para reflexionar sobre formas menos evidentes de apropiación.

Piensa en una reunión que se alarga más de lo necesario porque nadie se atreve a cerrar los temas pendientes. En una persona que da por hecho que siempre estarás disponible para ayudarla y abusa de tu tiempo. O simplemente en la impuntualidad, que roba el tiempo a los que llegan a su hora.

Desde esta perspectiva, asteya nos invita a revisar el respeto por los recursos que compartimos, entre ellos el tiempo, la atención y la energía.

Aplicar asteya puede consistir en llegar a tiempo, no invadir el espacio ajeno o aprender a decir que no antes de asumir compromisos que no puedes sostener. También puede significar dejar de tratar tu propia energía como un recurso ilimitado.

Svadhyaya: observarte para comprender tus patrones

Svadhyaya se traduce habitualmente como autoestudio o estudio de uno mismo. En la tradición del yoga también se vincula al estudio de textos y enseñanzas que favorecen el conocimiento interior.

En nuestra vida cotidiana, podemos empezar a explorarlo observando nuestras reacciones sin quedarnos únicamente en lo que ha ocurrido.

Imagina que una compañera cuestiona una propuesta tuya en una reunión. Te molesta, respondes a la defensiva y pasas el resto del día dándole vueltas a la conversación.

Puedes concluir que tu compañera ha sido injusta y quedarte ahí. O puedes añadir otras preguntas: ¿por qué me ha afectado tanto? ¿He interpretado su comentario como un cuestionamiento de mi capacidad? ¿Me cuesta aceptar las críticas? ¿Esta reacción me resulta familiar?

Estas preguntas no pretenden convencerte de que todo es responsabilidad tuya ni invalidar lo que haya hecho la otra persona. Sirven para comprender qué se activa en ti y qué parte de tu respuesta puedes revisar.

El autoestudio nos permite reconocer patrones que, de otro modo, repetimos casi automáticamente. Tal vez siempre intentas agradar, te cuesta pedir ayuda o interpretas cualquier error como una prueba de que no eres suficiente.

Observar estos mecanismos no hace que desaparezcan de inmediato, pero abre un espacio entre lo que ocurre y la manera en que respondes.

Y ese espacio es importante: te permite elegir con mayor conciencia en lugar de actuar siempre desde la costumbre.

La filosofía del yoga no es otra lista de obligaciones

Al acercarnos a los Yamas y Niyamas, podemos caer en una trampa: convertirlos en una nueva medida con la que juzgarnos.

Empezamos a preguntarnos si estamos siendo suficientemente pacientes, si hemos practicado el desapego correctamente o si nuestra reacción demuestra que no hemos entendido la filosofía del yoga.

Pero ¿no estaríamos reproduciendo precisamente aquello que intentábamos observar?

Estos principios no necesitan convertirse en una lista de exigencias más. Podemos acercarnos a ellos como referencias que nos ayudan a comprender nuestras decisiones, nuestras relaciones y nuestra manera de vivir.

Habrá días en los que respondas con paciencia y otros en los que reacciones de una forma que después quieras revisar. Habrá situaciones en las que te resulte sencillo poner un límite y otras en las que necesites más tiempo.

La práctica no consiste en comportarte siempre de una manera impecable. Consiste en desarrollar la capacidad de observar lo que haces, reconocer sus consecuencias y asumir la responsabilidad de tus decisiones.

La filosofía del yoga no te evita los conflictos, el cansancio o las emociones incómodas. Puede ayudarte a relacionarte con ellos de una manera diferente.

Cómo empezar a llevar el yoga más allá de la esterilla

No necesitas estudiar los diez principios a la vez ni dedicar una hora diaria a reflexionar sobre tu comportamiento. Puedes empezar con algo mucho más sencillo: elegir una situación recurrente y observarla durante unos días.

Por ejemplo, si últimamente te cuesta poner límites en el trabajo, puedes tomar satya como referencia y preguntarte qué necesitas reconocer y expresar con honestidad. Si te descubres criticándote constantemente, puedes explorar ahimsa.

Al terminar el día, dedica unos minutos a responder tres preguntas:

  • ¿En qué momento he reaccionado de forma automática?
  • ¿Qué había detrás de mi reacción: miedo, cansancio, necesidad de aprobación, frustración?
  • ¿Qué podría hacer de otra manera la próxima vez?

No se trata de analizar cada gesto ni de convertir la vida en un ejercicio permanente de introspección. Se trata de desarrollar una atención que, poco a poco, también esté presente cuando sales de la esterilla.

Puedes seguir practicando asana, pranayama y meditación. Pero, además, puedes preguntarte cómo influye esa práctica en tus decisiones, en tus relaciones y en la manera en que afrontas las dificultades.

Porque el yoga no se limita al tiempo que pasas practicando. También tiene que ver con lo que haces con aquello que vas comprendiendo.

Profundizar en yoga para comprenderlo y vivirlo

Quizá ya conocías los nombres de los Yamas y Niyamas. Puede que incluso hayas leído sobre ellos o los hayas escuchado en alguna clase. Pero conocer una definición no es lo mismo que comprender el alcance de un concepto, relacionarlo con otros aspectos de la filosofía y utilizarlo para examinar tu propia experiencia.

Profundizar en yoga supone abrir preguntas, contrastar interpretaciones y entender cómo encajan sus distintas dimensiones: la práctica de asana, el pranayama, la meditación, la anatomía y la filosofía.

Estudiar yoga porque deseas comprender mejor aquello que practicas y seguir desarrollando tu camino personal.

Ese es el propósito de SAMADHI · Curso de profundización en yoga: ofrecer un espacio de estudio y práctica para personas que ya conocen el yoga y quieren profundizar en él.

A veces, avanzar en la práctica no consiste en aprender técnica más difíciles, sino en comprender mejor aquello que ya tienes delante.

Y quizá una buena forma de empezar sea elegir una situación que se repite en tu vida y preguntarte: ¿qué puedo aprender de ella si la observo desde la filosofía del yoga?

Te agradezco mucho que hayas decidido compartir este ratito de yoga conmigo, me encantará que me dejes un comentario y sobretodo, muchas gracias por unirte a La Escuela online en Enyógate.com, porque de esa manera lo que hago cobra sentido y además me ayudas a que pueda seguir ofreciendo espacios como este.

Te espero en el próximo episodio. Que tengas un día estupendo, consciente y lleno de sentido. Namasté.

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