Episodio 135. Quiero estudiar yoga, pero no quiero ser profesor
Hay algo que se ha normalizado en el mundo del yoga. Puedes llevar años practicando, tener cada vez más interés por la filosofía, querer entender qué dicen los textos clásicos, profundizar en la anatomía, aprender sobre respiración o meditación… y, cuando buscas una formación para seguir aprendiendo, parece que casi todo te lleva al mismo sitio: una formación de profesores de yoga.
Como si, para acceder a determinados conocimientos, tuvieras que plantearte convertirte en profesor de yoga.
Hace tiempo que me planteé el por qué, yo también pasé por ahí… ¿Por qué si quiero profundizar en algo que me apasiona tengo que prepararme para enseñárselo a otras personas? ¿Por qué parece que estudiar yoga en profundidad y formarse para dar clases son dos cosas que tienen que ir necesariamente de la mano?
Pero antes de empezar te voy a invitar a echar un vistazo los cursos de yoga online en los que te enseño a tener una práctica personal adaptada a tus necesidades, con una guía clara, para recupera tu paz interior y vivir con mayor propósito gracias al yoga, la meditación y el camino del autoconocimiento.
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Por qué puedes profundizar en yoga sin hacer una formación de profesores de yoga
Te voy a poner un ejemplo que no tiene nada que ver con el yoga, pero que a mí me ayuda a explicar muy bien lo que quiero decir.
A mí me encanta bailar. Me gusta bailar, aprender pasos nuevos, mejorar, entender la música, tener más soltura y, sobre todo, disfrutar bailando con mis amigos cuando salimos los fines de semana.
Así que me apunté a clases de baile.
Quiero aprender a bailar mejor. Quiero tener más recursos, mejorar mi técnica, entender mejor los ritmos y sentirme más cómoda cuando bailo. No quiero limitarme a repetir cuatro pasos de cualquier manera. Me gusta aprender y me gusta notar que voy progresando.
Pero ¿sabes qué? No me he apuntado al conservatorio superior de danza.
Y no porque no me interese aprender bien. Tampoco porque no quiera profundizar o porque me conforme con cualquier cosa. No me he apuntado porque no quiero dedicarme profesionalmente al baile. No quiero actuar delante de un público ni hacer de ello mi profesión. Quiero bailar para mí, para disfrutarlo y compartirlo con otras personas.
Mi objetivo es ese. Y mi formación tiene sentido cuando está orientada a ese objetivo.
En mis clases puedo aprender técnica, trabajar aquello que necesito mejorar, estudiar musicalidad y profundizar en la disciplina. Puedo tomarme el aprendizaje en serio, esforzarme y querer hacerlo cada vez mejor sin necesidad de prepararme para ser bailarina profesional.
Nadie me diría que, si de verdad quiero aprender a bailar, debería matricularme en una escuela superior de danza. Y, si alguien me lo dijera, probablemente le preguntaría qué tiene que ver una cosa con la otra.
Querer aprender algo en profundidad no significa querer dedicarte profesionalmente a ello.
Y, sin embargo, cuando trasladamos esta idea al yoga, parece que a veces nos olvidamos de algo tan sencillo.
¿En qué momento estudiar yoga se convirtió en prepararse para enseñar?
Imagina que llevas varios años practicando yoga. Empezaste quizá porque querías mejorar tu flexibilidad, aliviar las tensiones de la espalda o encontrar un espacio para desconectar del ritmo del día a día. Con el tiempo, descubres que el yoga te aporta mucho más.
Empiezas a interesarte por la respiración. Te preguntas por qué determinadas prácticas influyen en tu estado mental, qué relación existe entre el cuerpo y la mente o qué hay detrás de algunas de las enseñanzas que escuchas en clase. Quizá lees algo sobre filosofía del yoga y te das cuenta de que hay todo un mundo que apenas conocías.
Y quieres seguir aprendiendo.
No necesariamente porque quieras hacer posturas más complicadas, ni porque quieras convertirte en profesor. Simplemente porque te interesa el yoga y quieres comprenderlo mejor. Quieres que tu práctica tenga más sentido, entender lo que haces y descubrir cómo puedes llevar ese conocimiento a tu vida.
Así que buscas una formación avanzada, un programa que te permita profundizar en la disciplina y ampliar tus conocimientos.
Y entonces empiezas a encontrarte con formaciones de profesores de yoga de 200 horas y cursos orientados a preparar a futuros docentes.
Que quede claro: no hay nada malo en estas formaciones. Al contrario, son necesarias para quienes quieren enseñar y necesitan adquirir conocimientos y competencias para acompañar a otras personas de manera responsable. Una buena formación de profesores debe ocuparse de mucho más que de enseñar yoga: también necesita abordar cómo enseñar, cómo estructurar una clase, cómo dar instrucciones y cómo adaptar la práctica a diferentes alumnos.
El problema no es que existan estas formaciones. El problema aparece cuando son la respuesta casi automática a cualquier persona que quiere estudiar yoga en profundidad.
Porque hay una diferencia entre querer aprender a enseñar yoga y querer aprender yoga para tu propio desarrollo personal.
Y ambas motivaciones merecen espacios de formación adecuados.
Estudiar yoga para ti también es tomártelo en serio
Creo que aquí hay una idea que merece la pena cuestionar: la de que una persona que estudia yoga para sí misma está haciendo algo menos serio que quien se prepara para ser profesor.
Como si estudiar para tu propio crecimiento fuera una especie de “yoga de segunda fila” y formarte para enseñar fuera el siguiente nivel.
Pero ¿quién ha decidido eso?
Puedes querer estudiar anatomía para comprender mejor tu cuerpo, saber por qué una postura te resulta accesible y otra no, o entender qué necesitas trabajar para practicar con más conciencia. Puedes estudiar filosofía para comprender los principios que sustentan el yoga y explorar cómo se relacionan con tus decisiones, tus hábitos y tu manera de vivir. Puedes profundizar en pranayama para conocer mejor la respiración y experimentar cómo influye en tu estado físico y mental.
Y puedes estudiar meditación porque quieres comprender tu mente, aprender a observar tus pensamientos y desarrollar una relación diferente con lo que sientes.
Nada de esto pierde valor porque no vayas a transmitirlo desde una sala de yoga.
De hecho, aprender para ti puede ser un proceso exigente y profundo. Requiere curiosidad, constancia, capacidad de reflexión y disposición para cuestionar cosas que quizá dabas por sentadas.
La diferencia está en el propósito del aprendizaje, no en el valor que tiene.
Cuando estudias para enseñar, necesitas aprender a traducir tus conocimientos en una experiencia útil y segura para otras personas. Cuando estudias para tu propio desarrollo, puedes orientar ese conocimiento hacia tu práctica, tus preguntas y tu proceso personal.
Son objetivos distintos. Ninguno es superior al otro.
Profundizar en yoga va mucho más allá de las posturas
Hay otra cuestión que me parece importante: muchas personas llegan al yoga a través de la práctica física y, cuando quieren profundizar, descubren que las posturas son solamente una parte de todo lo que pueden estudiar.
Empiezan a interesarse por los textos clásicos, por las diferentes corrientes filosóficas, por la relación entre la respiración y la mente, por la meditación, por la anatomía o por la manera en la que los principios del yoga pueden trasladarse a la vida cotidiana.
Y es normal que quieran saber más. Cuando algo te interesa de verdad, llega un momento en el que ya no te basta con practicarlo: quieres comprenderlo.
Pero comprender el yoga no consiste únicamente en acumular información ni en conocer nombres en sánscrito. Tampoco en aprender una lista de conceptos para poder explicárselos a un futuro alumno.
Consiste en estudiar, reflexionar, experimentar y encontrar conexiones entre lo que aprendes y lo que vives.
Por ejemplo, puedes estudiar un principio filosófico y preguntarte qué significa en tu día a día. Puedes profundizar en la respiración y observar cómo cambia tu relación con el estrés. Puedes estudiar anatomía y aprender a adaptar tu práctica a tus necesidades, en lugar de intentar que tu cuerpo se adapte a una postura determinada.
Ahí es donde el conocimiento empieza a convertirse en experiencia.
Y para recorrer ese camino no necesitas tener alumnos. Necesitas tener interés por aprender y un espacio que te ayude a hacerlo con criterio, continuidad y profundidad.
Estudiar yoga para ti también es una forma de compromiso
A veces parece que, si no quieres convertir el yoga en tu profesión, tampoco necesitas estudiar demasiado. Como si bastara con ir a clase unas cuantas veces por semana y dejar que las cosas sucedan.
Pero no tiene por qué ser así.
Puedes disfrutar de tus clases y, al mismo tiempo, querer construir una práctica personal más autónoma. Puedes valorar la guía de un profesor y querer comprender por qué te propone determinados ejercicios. Puedes practicar en grupo y necesitar un espacio de estudio en el que detenerte, hacer preguntas y profundizar en lo que estás aprendiendo.
De hecho, cuanto más comprendes, más posibilidades tienes de tomar decisiones conscientes sobre tu propia práctica. Dejas de depender exclusivamente de que alguien te diga qué hacer y empiezas a entender qué necesitas, qué te interesa explorar y cómo puedes adaptar el yoga a tu momento vital.
Eso no significa que tengas que convertirte en una persona completamente autosuficiente ni que debas dejar de acudir a clases. Significa que puedes desarrollar criterio propio y participar de una manera más activa en tu aprendizaje.
Y, para mí, esa es una parte importante y muy bonita de profundizar en yoga: que lo que estudias no se quede en la libreta, en el libro o en lo que escuchas durante una clase, sino que encuentre un lugar en tu vida.
Cómo elegir una formación de yoga según tu objetivo
Volvamos un momento al baile.
Si yo quisiera dedicarme profesionalmente a bailar, tendría sentido que buscara una formación orientada a la interpretación, la preparación física, la técnica escénica y todo lo que implica desarrollar una carrera en ese ámbito. Necesitaría aprender cosas que quizá no tienen ninguna utilidad directa para mi objetivo actual.
Pero como quiero bailar para mí, busco clases que me ayuden a disfrutar más, mejorar y profundizar en aquello que me interesa. No necesito una formación profesional adaptada a un objetivo que no tengo.
Con el yoga ocurre algo parecido.
Si quieres ser profesor, necesitas una formación que te prepare para enseñar. Pero si tu intención es profundizar en la práctica, estudiar filosofía, comprender mejor el cuerpo y la mente, explorar la meditación y aprender a integrar el yoga en tu vida, tiene sentido que busques una formación diseñada para eso.
No una formación profesional a la que tengas que adaptarte, sino un recorrido de aprendizaje que parta de tu objetivo.
Y esto es precisamente lo que me llevó a crear mi curso de profundización en yoga Samadhi.
Samadhi: profundizar en yoga sin tener que convertirte en profesor
Samadhi nace para personas que ya tienen una relación con el yoga y sienten que quieren ir más allá. Practicantes de yoga que no buscan necesariamente enseñar, pero que quieren ir más allá de las clases semanales.
Alumnos que quieren comprender mejor lo que practican, conocer los fundamentos de la disciplina, estudiar sus diferentes dimensiones y descubrir cómo pueden integrar ese conocimiento en su propia vida.
Por eso, Samadhi no es una formación de profesores. Es un curso de profundización pensado para que puedas estudiar yoga con rigor y acompañamiento, sin que el objetivo final sea prepararte para dar clases.
A lo largo de seis meses trabajamos diferentes aspectos del yoga, desde la práctica y la anatomía hasta la respiración, la meditación y la filosofía. No como compartimentos aislados ni como una colección de contenidos que tienes que memorizar, sino buscando conexiones entre ellos y con tu experiencia personal.
La idea es que puedas comprender mejor lo que haces, desarrollar una práctica más consciente y autónoma y explorar qué significa para ti vivir el yoga más allá de la esterilla.
Porque puedes estudiar los textos clásicos sin querer dedicarte a la enseñanza. Puedes profundizar en anatomía sin convertirte en especialista. Puedes estudiar meditación sin tener que dirigir sesiones para otras personas. Puedes querer conocer el yoga en toda su amplitud simplemente porque forma parte de tu camino personal.
Y no necesitas justificar ese interés convirtiéndolo en una profesión.
No tienes que convertir todo lo que te apasiona en un trabajo
Vivimos en una época en la que parece que cualquier afición puede transformarse en una marca personal, cualquier habilidad puede convertirse en una fuente de ingresos y cualquier interés debería conducir a algún tipo de resultado profesional.
Pero no todo lo que hacemos tiene que servir para ganarnos la vida.
Podemos estudiar historia porque nos apasiona la historia. Aprender un idioma porque disfrutamos comunicándonos en otra lengua. Ir a clases de baile porque queremos bailar mejor con nuestros amigos. Y profundizar en yoga porque queremos conocernos, comprender mejor la disciplina y vivir de una manera más consciente.
No hay nada secundario en eso.
A veces, precisamente porque no necesitamos convertir ese aprendizaje en una profesión, podemos relacionarnos con él desde otro lugar. Podemos permitirnos explorar, hacer preguntas, cambiar de opinión y descubrir qué sentido tiene lo que estamos aprendiendo en nuestra propia experiencia.
Y eso no significa aprender sin rigor ni conformarnos con una formación superficial. Significa elegir un recorrido que tenga sentido para nosotros.
Así que, si llevas tiempo practicando yoga y notas que quieres profundizar, me gustaría que te quedaras con esta idea: no tienes que querer enseñar para tener derecho a estudiar. No tienes que convertir tu pasión en un trabajo para tomártela en serio. Y no tienes que matricularte en una formación profesional si tu objetivo no es ejercer esa profesión.
Puedes aprender por ti. Puedes estudiar para comprender. Puedes profundizar para vivir el yoga de otra manera.
Igual que yo puedo ir a clases de baile, querer mejorar mi técnica y disfrutar cada vez más sin plantearme subir a un escenario, tú puedes estudiar yoga en profundidad sin querer ponerte delante de una clase.
Y si eso es lo que estás buscando, quiero invitarte a conocer el curso de profundización en yoga Samadhi.
Es un recorrido de seis meses para quienes quieren ir más allá de las posturas, comprender mejor el yoga y llevar ese conocimiento a su práctica y a su vida cotidiana, sin necesidad de convertirse en profesores.
Porque no necesitas querer enseñar yoga para querer entenderlo profundamente.
Y quizá ha llegado el momento de que puedas estudiar yoga sencillamente por eso: porque te apasiona y quieres seguir profundizando en él.
Te agradezco mucho que hayas decidido compartir este ratito de yoga conmigo, me encantará que me dejes un comentario en Spotify, en Youtube o en nuesto canal de Telegram y sobretodo, muchas gracias por unirte a La Escuela online en Enyógate.com, porque de esa manera lo que hago cobra sentido y además me ayudas a que pueda seguir ofreciendo espacios como este.
Te espero en el próximo episodio. Que tengas un día estupendo, consciente y lleno de sentido. Namasté.
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