Episodio 126. El camino interior. Con Gema Moro
Hay algo que suele pasarnos a casi todos cuando empezamos en este camino interior a través del yoga, del desarrollo personal o del autoconocimiento, y es que, casi sin darnos cuenta, convertimos el proceso en una especie de carrera hacia un lugar que creemos que existe. Queremos estar mejor, sentirnos en paz, tener claridad, dejar de sufrir o, al menos, sufrir menos, y todo eso lo queremos cuanto antes, como si hubiera una meta concreta y definitiva a la que llegar.
Desde ahí, el camino se transforma en un trámite, en una especie de pasillo que hay que recorrer con cierta prisa para alcanzar ese estado ideal que imaginamos. Sin embargo, la práctica —y la vida misma— termina poniendo las cosas en su sitio, porque hay una verdad que tarde o temprano se hace evidente: no hay un punto de llegada en el que todo se ordena para siempre, sino un proceso continuo en el que lo que va ocurriendo es, en sí mismo, lo importante.
En la conversación con la psicóloga Gema Moro en el podcast aparece una idea que, aunque puede parecer sencilla, tiene mucha profundidad: los obstáculos no bloquean el camino, son el camino. Y esta frase, que puede sonar inspiradora cuando la escuchas, cobra un sentido completamente distinto cuando la llevas a tu día a día, cuando estás dentro de una situación que te incomoda, que te duele o que no sabes cómo gestionar.
Ahí es donde empieza realmente el trabajo interior.
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Vivir proyectado hacia el futuro: la trampa más sutil
Una de las dinámicas más habituales en nuestra forma de vivir es estar constantemente proyectados hacia el futuro. Pensamos en lo que queremos conseguir, en cómo nos gustaría sentirnos o en esa versión de nosotros mismos que imaginamos más tranquila, más centrada o más libre de conflictos internos. Sin embargo, esa mirada hacia adelante tiene un efecto secundario que suele pasar desapercibido: convierte el presente en un medio, no en un fin.
Desde ahí, todo lo que no encaja con esa imagen ideal empieza a percibirse como un problema. Las emociones incómodas, los momentos de bloqueo, las dudas o incluso los retrocesos dejan de tener un sentido propio y pasan a ser algo que hay que eliminar cuanto antes. Es como si la vida real se volviera un obstáculo para la vida que creemos que deberíamos estar viviendo.
Pero si te detienes a observar con un poco más de calma, te das cuenta de que esa incomodidad no es un error en el sistema, sino una parte fundamental del proceso. No es algo que esté estropeando el camino, sino algo que lo está construyendo.
Lo que ocurre dentro es más importante que lo que ocurre fuera
Hay una diferencia importante entre lo que sucede y cómo lo vivimos, y esa diferencia es, en realidad, donde se encuentra el núcleo del trabajo personal. Dos personas pueden atravesar la misma situación externa y, sin embargo, experimentarla de formas completamente distintas, porque cada una interpreta lo que ocurre desde su historia, sus heridas, sus creencias y su manera de relacionarse con la vida.
Por eso, más allá de lo que pasa fuera, lo verdaderamente relevante es lo que se activa dentro de ti cuando eso ocurre. La vida, en cierto modo, funciona como un espejo que no siempre resulta cómodo, porque refleja aspectos que no siempre queremos ver, pero que forman parte de nuestra experiencia interna.
No se trata de pensar que todo lo que te sucede es responsabilidad tuya, sino de entender que cada situación despierta algo en ti que ya estaba presente, aunque quizá no fueras consciente de ello. Y ese despertar, aunque incómodo, es una oportunidad para mirar más profundamente.
Dejar de mirar fuera para empezar a observar dentro
Cuando algo nos duele o nos descoloca, la tendencia natural es dirigir la mirada hacia fuera. Buscamos explicaciones, culpables o razones que justifiquen lo que estamos sintiendo, porque eso nos da una sensación momentánea de control. Sin embargo, esa mirada externa tiene un límite claro: no permite comprender lo que realmente está ocurriendo en nuestro interior.
El cambio empieza cuando decides girar la atención hacia dentro y hacerte preguntas diferentes, no desde el juicio, sino desde la curiosidad. Preguntas que no buscan culpables, sino comprensión, como qué estoy sintiendo realmente en esta situación, de dónde viene esta reacción o qué parte de mí se está activando ahora mismo.
Este tipo de preguntas no ofrecen respuestas inmediatas ni soluciones rápidas, pero abren un espacio distinto, un espacio en el que empiezas a relacionarte contigo desde otro lugar. Y es en ese espacio donde el proceso cobra sentido.
La resistencia a sentir: un obstáculo añadido
Muchas veces, el mayor conflicto no está en la emoción en sí, sino en nuestra resistencia a sentirla. No queremos estar tristes, ni enfadados, ni sentir miedo o frustración, así que intentamos evitarlo, taparlo o cambiarlo rápidamente. Sin embargo, esa resistencia genera una tensión interna que, en lugar de aliviar el malestar, lo intensifica.
Aceptar lo que sientes no significa quedarte atrapado en ello ni resignarte, sino dejar de luchar contra algo que ya está ocurriendo. Es un gesto de honestidad contigo mismo que, aunque no siempre es fácil, permite que la experiencia siga su curso natural.
Cuando dejas de resistirte, empiezas a entender. Y cuando entiendes, algo se transforma, aunque no sea de forma inmediata.
Sostener la incomodidad también es avanzar
Hay una idea que no siempre encaja con lo que solemos esperar del crecimiento personal, y es que crecer no siempre se siente bien. De hecho, muchas veces implica atravesar momentos incómodos, confusos o incluso dolorosos, porque estás entrando en contacto con partes de ti que no siempre han sido atendidas.
Sin embargo, en esa incomodidad hay un aprendizaje profundo, porque cada vez que eres capaz de sostener lo que sientes sin huir ni rechazarlo, estás ampliando tu capacidad interna. Estás generando un espacio en el que cabe más experiencia, más emoción y más vida.
Ese espacio, aunque no se vea desde fuera, es una de las transformaciones más importantes que pueden ocurrir en este proceso.
Las expectativas y la prisa: enemigos silenciosos
Otro de los grandes bloqueos en este camino tiene que ver con las expectativas que construimos sobre cómo deberían ser las cosas. Esperamos avanzar de una determinada manera, sentirnos mejor en ciertos plazos o tener claridad cuando creemos que ya “nos toca”.
El problema aparece cuando la realidad no sigue ese guion, porque entonces surge la frustración, la sensación de estar haciendo algo mal o la idea de que no estamos avanzando lo suficiente. Sin embargo, muchas veces no se trata de un error, sino de un ritmo que no coincide con nuestras expectativas.
Los procesos internos tienen sus propios tiempos, y pretender acelerarlos suele generar más tensión que resultados. Igual que una semilla necesita tiempo para convertirse en árbol, hay partes de nuestro desarrollo que no pueden forzarse sin perder su sentido.
Cambiar la forma de preguntarte cambia la experiencia
En medio de una dificultad, la forma en la que te preguntas por lo que está ocurriendo puede marcar una diferencia enorme. No es lo mismo preguntarte por qué me está pasando esto que abrirte a cuestiones como qué me está mostrando esta situación o qué puedo aprender de ella.
Este pequeño cambio de enfoque no elimina la dificultad, pero sí transforma la manera en la que te relacionas con ella. Pasas de una posición más reactiva a una más consciente, en la que empiezas a explorar en lugar de defenderte.
Y esa exploración, poco a poco, va generando comprensión.
El camino no está fuera, está en cómo lo transitas
A menudo pensamos que el camino tiene que ver con lo que nos ocurre en la vida, con las circunstancias, las decisiones o los cambios externos. Sin embargo, el verdadero camino tiene que ver con cómo atraviesas todo eso, con la relación que estableces contigo mismo mientras lo vives.
Puedes estar en medio de tu rutina diaria, cumpliendo con tus responsabilidades, y aun así estar profundamente conectado con tu proceso interno. Porque no depende de lo que haces, sino de la conciencia con la que lo haces.
Una mirada más amable hacia uno mismo
A lo largo de todo este proceso hay algo que resulta fundamental y que, sin embargo, solemos olvidar con facilidad: la forma en la que nos tratamos a nosotros mismos. La exigencia, el juicio constante o la sensación de no estar a la altura generan una presión que no ayuda a avanzar, sino que añade más carga al proceso.
Cultivar una mirada más amable no significa justificarlo todo ni evitar la responsabilidad, sino aprender a acompañarte también en los momentos en los que las cosas no salen como esperabas. Significa poder sostenerte sin necesidad de exigirte perfección.
Y desde ahí, el camino se vuelve más realista, más habitable y, curiosamente, también más transformador.
Cuando los obstáculos dejan de ser un problema
Quizá el cambio más importante no esté en eliminar los obstáculos, sino en dejar de verlos como algo que debería desaparecer. Cuando empiezas a entender que forman parte del proceso, que tienen algo que mostrarte y que pueden ser una puerta hacia una comprensión más profunda, la relación con ellos cambia.
Siguen siendo incómodos, sí, pero ya no son un enemigo.
Se convierten en parte del recorrido.
Un espacio para profundizar en tu propio proceso
Si sientes que este enfoque resuena contigo y que quieres profundizar en tu práctica más allá de lo superficial, en la escuela online de Enyógate encontrarás un espacio donde trabajar no solo el cuerpo, sino también todo este proceso interno desde una guía clara y adaptada a tu realidad.
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Porque al final, más que llegar a un sitio concreto, de lo que se trata es de aprender a estar en el camino.
Te agradezco mucho que hayas decidido compartir este ratito de yoga conmigo, me encantará que me dejes un comentario en Spotify, en Youtube o en nuesto canal de Telegram y sobretodo, muchas gracias por unirte a La Escuela online en Enyógate.com, porque de esa manera lo que hago cobra sentido y además me ayudas a que pueda seguir ofreciendo espacios como este.
Te espero en el próximo episodio. Que tengas un día estupendo, consciente y lleno de sentido. Namasté.
Web de Gema Moro
https://www.psicogizaki.com/ y su libro La vela encendida


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