Mi experiencia personal con el yoga


Episodio 125. Mi experiencia personal con el yoga

Hay una imagen bastante extendida de lo que significa “llevar muchos años en el yoga”. Una imagen que, si somos honestos, no siempre se corresponde con la realidad. Parece que con el tiempo todo se ordena, que la práctica se vuelve constante, profunda, casi impecable. Como si el camino fuese una línea recta que va de menos a más.

Pero no.

Y justo por eso quería compartir contigo mi experiencia. No como ejemplo de nada, sino como un espejo más realista en el que quizá puedas verte reflejado si estás en este camino… o si estás pensando en empezarlo.

Porque el yoga, al menos como yo lo he vivido, no ha sido perfecto, ni constante, ni lineal. Ha sido humano.

Y ahí está la clave.

Pero antes de empezar te voy a invitar a echar un vistazo los cursos de yoga online en los que te enseño a tener una práctica personal adaptada a tus necesidades, con una guía clara, para recupera tu paz interior y vivir con mayor propósito gracias al yoga, la meditación y el camino del autoconocimiento.

También en Youtube aquí

Cómo empezó todo: ansiedad, dolor… y curiosidad

Yo empecé a practicar yoga con 22 años. Y no empecé buscando iluminación ni crecimiento espiritual. Empecé porque no me encontraba bien.

Tenía ansiedad. Había tenido varias crisis en las que el corazón se aceleraba, me mareaba y necesitaba tumbarme. A eso se le sumaban dolores de espalda bastante habituales, sobre todo en la zona cervical y los hombros. Así que fui al médico esperando, probablemente, una solución rápida.

Pero en lugar de medicación, me recomendó probar yoga.

En aquel momento (estamos hablando de 2003 ), esto era bastante distinto a como lo vemos ahora. No había redes sociales, no había tanta información ni tantas opciones. El yoga era algo casi “exótico”, bastante desconocido, y en mi entorno prácticamente nadie lo practicaba. De hecho, más de uno me preguntaba con cierta extrañeza dónde me estaba metiendo.

Aun así, algo me llamó la atención. Quizá porque ya había probado otras cosas —gimnasio, clases dirigidas, distintas disciplinas— y ninguna terminaba de engancharme. Me faltaba algo. Y con el tiempo entendí que lo que faltaba no era físico, era mental.

Lo que encontré en el yoga (y no esperaba encontrar)

Al principio, como casi todo el mundo, entré por la parte física. Pero poco a poco fui descubriendo que había algo más.

Había una parte filosófica que no solo acompañaba a la práctica, sino que le daba sentido. Empecé a interesarme por cómo funciona la mente, por qué a veces estamos bien y otras no, por qué nos arrastran ciertas emociones o pensamientos. Era un tipo de conocimiento que no había encontrado en ningún otro sitio.

Ahí el yoga empezó a encajar de verdad.

No porque me diera respuestas absolutas, sino porque abría preguntas. Y cada vez que aprendía algo, aparecían más capas, más profundidad, más curiosidad. Eso fue lo que hizo que siguiera avanzando, formándome y, con el tiempo, dedicándome a enseñar.

Pero hay algo importante aquí: que ese “avanzar” no fue una línea recta.

La gran verdad: la práctica no siempre es constante

Durante todos estos años, mi práctica ha pasado por muchas fases. Y cuando digo muchas, es muchas de verdad.

He tenido épocas de práctica muy constante, en las que todo encajaba y parecía fácil sostener el hábito. Pero también he tenido etapas en las que apenas practicaba o directamente no practicaba nada.

Por ejemplo, la maternidad fue uno de esos momentos de ruptura total.

Después de mi primer embarazo, en el que había practicado bastante, llegó el postparto… y con él una realidad completamente distinta. Un bebé demandante, mucho cansancio, una montaña emocional importante y, sobre todo, la sensación de no encontrar ni un momento para mí.

Ahí la práctica desapareció casi por completo.

Y eso, aunque ahora lo veo con perspectiva, en su momento generó frustración. Porque vienes de una etapa en la que te sentías constante, conectada, y de repente todo cambia. Ya no depende solo de ti.

Con el tiempo fui encontrando pequeñas formas de volver. Adaptando, ajustando, soltando expectativas. Incluso esa experiencia me llevó a crear un espacio para otras madres que estaban pasando por lo mismo, porque entendí que no era un caso aislado.

Pero ese patrón —de avanzar, parar, retomar— se ha repetido muchas veces en mi vida. Por trabajo, por lesiones, por momentos emocionales, por cambios vitales.

Y esto es algo que suele sorprender: incluso siendo profesora de yoga, no siempre he tenido una práctica perfecta.

El error más común: querer hacerlo todo “como debería ser”

Uno de los mayores obstáculos en el yoga no es la falta de tiempo, ni de ganas, ni siquiera de disciplina. Es la expectativa.

Esa idea de que hay una forma correcta de practicar.

De que deberíamos hacerlo todos los días, durante cierto tiempo, de cierta manera. De que si no cumplimos con eso, estamos fallando.

Pero la realidad es que la práctica necesita adaptarse a la vida. No al revés.

Habrá momentos en los que tengas una hora y energía de sobra. Y habrá otros en los que apenas puedas dedicar cinco minutos al despertar. Habrá etapas en las que el cuerpo responda bien y otras en las que necesites parar o hacer algo mucho más suave.

Y todo eso también es práctica.

De hecho, muchas veces es ahí donde realmente empieza el yoga.

Disciplina sí, rigidez no

Esto no significa que todo valga o que la disciplina no importe. Claro que importa.

La diferencia está en cómo la entendemos.

La disciplina no debería ser una imposición rígida que ignoramos cuando no encaja. Debería ser un compromiso flexible, capaz de adaptarse a nuestras circunstancias sin desaparecer por completo.

Porque también hay otra trampa: la del “no tengo tiempo”.

Y aquí hay que ser honestos. A veces es real, pero muchas otras es una forma de evitar enfrentarnos a la práctica. No porque no queramos, sino porque nos cuesta empezar, porque estamos cansados o porque esperamos tener el momento perfecto.

Y ese momento perfecto casi nunca llega.

Por eso, muchas veces es más útil plantearlo de otra forma: ¿de verdad no tengo ni cinco minutos?

Si la respuesta es no, entonces lo entendemos. Pero si la respuesta es que sí… entonces quizá no se trata de tiempo, sino de prioridad.

Hacer algo siempre es mejor que no hacer nada

Hay una idea que a mí me gusta mucho y que resume bastante bien todo esto: sería una pena que pudiendo hacer algo, no hagamos nada.

Porque a veces descartamos la práctica si no puede ser “completa”. Si no tengo una hora, no hago nada. Si no puedo hacerlo bien, no empiezo.

Y eso nos deja fuera.

Sin embargo, cinco o diez minutos pueden marcar una diferencia enorme si se sostienen en el tiempo. No por la intensidad, sino por la continuidad.

Ahí es donde realmente se construye la práctica.

Lo que el yoga termina enseñándote

Con los años, te das cuenta de que el yoga no va tanto de lo que haces en la esterilla, sino de cómo te relacionas con todo eso.

Con tu constancia y tu falta de constancia. Con tu motivación y tu desgana. Con tus momentos de claridad y tus etapas más confusas.

Aprendes a adaptarte, a escucharte, a ajustar sin abandonar.

Aprendes que avanzar no es hacer más, sino entender mejor lo que necesitas en cada momento.

Y sobre todo, aprendes a dejar de exigirte una perfección que no existe.

Si estás en ese punto…

Si ahora mismo sientes que te cuesta practicar, que has perdido el ritmo o que no encuentras el momento, que sepas que no estás solo en eso.

Forma parte del camino.

La clave no es hacerlo perfecto, sino volver. Aunque sea poco. Aunque no sea como antes. Aunque sea diferente.

Porque el yoga no desaparece cuando dejas de practicar. Sigue ahí, esperando a que vuelvas a encontrarte con él, de la forma que tenga sentido ahora.

Un siguiente paso (si lo necesitas)

Si sientes que te vendría bien un poco de guía para retomar o construir tu práctica de forma realista, en Enyógate tienes todo lo necesario para hacerlo. Puedes ver las distintas opciones según tu nivel aquí.

No se trata de hacer más. Se trata de hacerlo con sentido.

Te agradezco mucho que hayas decidido compartir este ratito de yoga conmigo, me encantará que me dejes un comentario en Spotify, en Youtube o en nuesto canal de Telegram y sobretodo, muchas gracias por unirte a La Escuela online en Enyógate.com, porque de esa manera lo que hago cobra sentido y además me ayudas a que pueda seguir ofreciendo espacios como este.

Te espero en el próximo episodio. Que tengas un día estupendo, consciente y lleno de sentido. Namasté.

2 respuestas a «Mi experiencia personal con el yoga»

  1. Avatar de MÓNICA GUIRADO YNIESTA
    MÓNICA GUIRADO YNIESTA

    Hola Verónica,

    maravillosas tus palabras, tu emoción…muy agradecida por abrirte a contar de manera tan honesta que ser profesora de yoga no implica estar siempre bien y tener una constancia en la práctica. Me he sentido muy reflejada y me ha servido muchísimo para darme cuenta de muchas cosas, sobre todo a ser más consciente de bajar mi autoexigencia y ser más flexible y tolerante conmigo misma. Y más justo en estos momentos de mi vida.

    Me apunté a la mentoría Samadhi en 2023 y al no hacerla como tenía en mis expectativas, debido justamente a como bien dices «diferentes situaciones de la vida», me he siento culpable por no haber sido capaz de dedicarle más tiempo a profundizar, pero me ha servido para aprender a darme cuenta del por qué. De hecho, muchísimas veces entro y hago alguna de las sesiones. Y decirte también que gracias al contenido de tu mentoría, me abriste los ojos a un mundo que me está aportando mucho más de lo que había podido imaginar.

    Muchísimas gracias por tu naturalidad y tu manera de expresarte. Eres muy grande, de alma bella.

    Saludos desde el corazón.
    ¡Namasté!

    1. Avatar de Verónica Bernal
      Verónica Bernal

      Qué bonito leerte, de verdad 🤍
      Gracias por tus palabras y por abrirte así y compartir algo tan honesto… porque estás poniendo conciencia en un lugar donde ya ha comenzado un cambio.

      Me alegra mucho que te haya servido para mirar con un poco más de amabilidad esa autoexigencia. A veces creemos no estar a la altura o que estamos fallando… y en realidad es la vida pidiéndonos otra forma de estar.

      Y sobre Samadhi, no lo has hecho mal. Lo has hecho como has podido en ese momento. Y eso también forma parte del proceso. El hecho de que sigas volviendo, entrando, practicando… ya dice mucho más que cualquier expectativa.

      Gracias por estar, por seguir ahí y por darle ese sentido tan profundo a la práctica 🤍

      Un abrazo grande. Namasté

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.