Episodio 121. Respiración para calmar la mente y vivir con menos estrés
¿Sabías que la forma en que respiras influye directamente en tu estado emocional y mental?
La respiración consciente no es solo una técnica: es una herramienta accesible que puede ayudarte a estar presente, reducir el estrés y calmar la mente, incluso cuando parece que nada funciona.
En este episodio hablamos de:
🔹 por qué respiramos de forma automática y qué impacto tiene en nuestro cuerpo y mente
🔹 cómo la respiración está conectada con nuestro sistema nervioso
🔹 por qué no hace falta “hacerlo perfecto” para notar cambio
🔹 cómo el yoga nos ayuda a tomar conciencia de la respiración y usarla como ancla de calma
No se trata solo de técnicas o ejercicios complicados (aunque mencionamos el pranayama), sino de volver a lo esencial: prestar atención a tu propio aliento y dejar que te ancle en el aquí y ahora.
Respira conmigo, vuelve al presente y descubre cómo el yoga puede acompañarte en ese camino.
Pero antes de empezar te voy a invitar a echar un vistazo los cursos de yoga online en los que te enseño a tener una práctica personal adaptada a tus necesidades, con una guía clara, para recupera tu paz interior y vivir con mayor propósito gracias al yoga, la meditación y el camino del autoconocimiento.
También en Youtube aquí
La respiración como principio del estilo de vida yogui
Dentro del yoga tradicional, Swami Vishnudevananda —discípulo de Swami Sivananda y uno de los grandes difusores del yoga en Occidente— estableció cinco principios del estilo de vida yogui. Uno de ellos es la respiración adecuada.
Y cuando hablo de respiración adecuada, no me estoy refiriendo todavía a los pranayamas ni a ejercicios complejos. Me refiero a la respiración en general. A cómo respiras ahora mismo mientras lees esto.
Porque algo que me encuentro muchísimo —y que seguramente te suene— es esa frase de: “No sé respirar bien”.
Me lo dicen constantemente.
“Es que la respiración se me queda aquí arriba”, y se tocan las clavículas.
“Quiero tomar aire, pero no puedo”.
“Es como que me falta el aire”.
Cuanto más intentan forzar la respiración, más difícil se vuelve. Y ahí se crea un círculo vicioso: cuanto más nerviosa estoy, más superficial es mi respiración; cuanto más superficial es mi respiración, más nerviosa me siento.
Cuando respiramos en modo supervivencia
Esto nos pasa cuando vamos aceleradas. Cuando tenemos prisa. Cuando estamos con la cabeza en otro sitio. Cuando hay tensión en los hombros, un nudo en el estómago, cuando estamos hacia fuera todo el tiempo.
En esos momentos estamos respirando, sí… pero en modo supervivencia.
Es una respiración alta, rápida, superficial. Esa sensación de que el aire se queda arriba y no baja. Y no es que no sepamos respirar. Todos sabemos respirar. Nacemos respirando y no dejamos de hacerlo ni un segundo.
El problema no es la capacidad. El problema es la desconexión.
Cuando estamos estresadas, nuestro sistema nervioso entra en estado de alerta. Se activa la respuesta de lucha o huida. Y eso, biológicamente, tiene sentido. Si hay un peligro real, necesitamos estar preparadas.
Pero el problema es que hoy vivimos en alerta constante por cosas que no son un depredador delante nuestro, sino un correo pendiente, una conversación incómoda o una lista interminable de tareas.
En ese estado, el diafragma —ese músculo amplio con forma de cúpula que está debajo de las costillas— se tensa y se eleva. Y si el diafragma no desciende, los pulmones no se llenan completamente.
Y entonces sentimos que “no entra el aire”.
El diafragma, el sistema nervioso y el cuerpo entero
El diafragma no solo interviene en la respiración. Su movimiento masajea los órganos abdominales. Ayuda a la digestión. Regula el ritmo interno.
Si respiramos de manera superficial, todo eso se ve afectado.
Y empezamos a notar consecuencias:
Nos cuesta dormir.
Nos cuesta comer con calma.
Nos cuesta ir al baño.
Estamos tensas. Irritables. Ansiosas.
La respiración es una chivata. Siempre lo digo. Nos está diciendo cómo estamos viviendo.
Si es rápida y entrecortada, probablemente vamos con prisa.
Si suspiramos constantemente, quizá hay ansiedad.
Si sentimos presión en el pecho, hay tensión acumulada.
No es culpa nuestra. A la mayoría no nos han enseñado nada sobre respiración. O muy poco. Y a veces mal.
Yo misma recuerdo que lo único que aprendí antes del yoga fue aquello de “toma aire por la nariz y suéltalo por la boca” en educación física. Y a mí no me ayudaba en absoluto.
En yoga respiramos por la nariz, tanto al inhalar como al exhalar. Salvo en ejercicios muy concretos. Porque la nariz regula el flujo del aire, lo filtra, lo templa, lo hace más eficiente.
De hecho, hoy en día incluso deportistas de élite entrenan respirando solo por la nariz, algo que en yoga se recomienda desde siempre.
¿Hay que controlar la respiración todo el día?
Aquí viene algo importante.
La solución no es estar todo el tiempo intentando controlar cómo respiras.
Porque la respiración es espontánea. Si intentas controlarla de manera obsesiva, te vas a fatigar más. Te vas a estresar más.
No se trata de exigencia.
La respiración cambia cuando cambiamos nosotras.
Igual que el estrés genera respiración rápida —y eso genera más estrés—, también existe el círculo virtuoso: cuando me relajo, mi respiración se calma; cuando mi respiración se calma, mi sistema nervioso se regula.
Así que el primer paso no es controlar.
Es tomar conciencia.
Crear un espacio de observación
En yoga hacemos algo muy sencillo y muy poderoso: parar.
Cuando te colocas en la esterilla antes de empezar.
Cuando te sientas a meditar.
Cuando llevas la atención al cuerpo.
Ahí ya estás rompiendo el círculo vicioso.
Sin juicio. Sin “no debería estar así”. Sin exigencia. Solo observas.
¿Cómo estoy respirando?
¿Está el aire llegando al vientre?
¿Se queda en el pecho?
¿Es profunda o corta?
¿Es lenta o acelerada?
Esa pausa ya cambia algo.
Porque estás creando un pequeño espacio entre el estímulo y la reacción.
Y en ese espacio, todo puede empezar a transformarse.
Llevarlo al día a día (sin esterilla)
Más allá de la práctica formal, esto se puede hacer en cualquier momento.
Sin esterilla.
Sin ropa deportiva.
Sin necesidad de que nadie lo note.
Si te das cuenta de que estás respirando superficialmente, párate 30 segundos.
Solo siente la respiración.
Sin intentar que cambie.
Sin forzar.
Sin expectativas.
Con el tiempo, ese pequeño gesto repetido va creando un hábito de conciencia. Y poco a poco dejas de vivir tanto en piloto automático.
Momentos ideales para hacerlo:
- Al levantarte por la mañana.
- En mitad de la jornada laboral.
- Antes de dormir.
- En el coche en un semáforo.
- En una cola del supermercado.
Son espacios muertos que pueden convertirse en espacios de presencia.
Las respiraciones profundas
No se trata de respirar profundamente todo el tiempo. Eso es imposible.
Pero sí puedes, cuando notes tensión, hacer dos o tres respiraciones profundas:
Llevar el aire hacia el ombligo (dejando que el diafragma descienda).
Abrir el pecho.
Exhalar despacio, largo y lento por la nariz.
Si no sale, no pasa nada.
De nuevo: sin juicio.
Ese pequeño intento ya es una semilla.
Ya está entrenando algo.
No podemos cambiarlo todo de golpe.
Necesitamos pequeños pasos constantes.
La práctica continuada marca la diferencia
Ojalá tengas tiempo para una práctica formal, aunque sean diez minutos.
No hace falta hora y media.
El tiempo que tengas es valioso.
Mover el cuerpo con conciencia, respirar atenta, observar la mente… todo eso regula el sistema nervioso. Reduce el cortisol. Favorece las hormonas asociadas al bienestar.
La constancia es la clave.
No ir picoteando de aquí y de allá, sino seguir una guía, una propuesta clara, trabajar en profundidad.
Porque ahí es donde realmente empezamos a notar cambios más estables.
La respiración es un tema amplísimo. Aquí solo hemos dado pinceladas.
Pero si te llevas algo de este episodio, que sea esto: párate.
Párate unos segundos.
Siente cómo respiras.
Sin exigencia. Sin control.
Y observa qué cambia.
Si quieres profundizar, este mes en La Escuela Enyógate trabajamos específicamente la respiración, con un taller en directo y práctica semanal. Y si ya sientes que el yoga forma parte de tu camino, en la Mentoría Samadhi entramos mucho más profundo, también en pranayama y técnicas más avanzadas.
Me encantará leerte: déjame en los comentarios ¿cómo es tu respiración a lo largo del día? ¿Te pasa eso de sentir que el aire se queda arriba?
Te agradezco mucho que hayas decidido compartir este ratito de yoga conmigo, me encantará que me dejes un comentario en Spotify, en Youtube o en nuesto canal de Telegram y sobretodo, muchas gracias por unirte a La Escuela online en Enyógate.com, porque de esa manera lo que hago cobra sentido y además me ayudas a que pueda seguir ofreciendo espacios como este.
Te espero en el próximo episodio. Que tengas un día estupendo, consciente y lleno de sentido. Namasté.


Deja una respuesta